Dieta perfecta y verano siempre juntos

dieta perfecta

Estamos en el momento crítico, en esos meses cruciales del año donde el tiempo no es nuestro mejor aliado, el cambio de armario está a la vuelta de la esquina y es cuando la realidad se hace evidente. Buscamos la dieta perfecta antes del verano.

Ahora toca cumplir el propósito que teníamos que haber seguido el uno de enero, ya no hay excusas, sólo poner medidas…“a cualquier precio”… conocer el secreto de la dieta perfecta , el ejercicio que más calorías consume y la comida que menos “engorda”. Dejarnos llevar.

El tiempo apremia, la playa presiona de un modo asfixiante y lucir un tipo de cuerpo estandarizado por no sé quién o quiénes, es nuestra meta a conseguir.

Internet, y en general las redes sociales son un buen instrumento si se saben manejar con coherencia, toda la información relacionada con nuestra salud debe provenir de especialistas y no de consejos promocionales de la chica de moda del momento.

Cuidarnos porque nuestro cuerpo es el único envase que tenemos en nuestra larga vida, hay que mimarlo, escucharlo, no someterlo a pruebas drásticas de ahora como y ahora no, ahora me mato haciendo ejercicio o ahora me tumbo en el sofá.

Siento deciros que lo mejor sería haber empezado hace tiempo a prepararnos, pero no sólo para el verano, sino para elegir un modo de vida donde las restricciones pasen a un segundo plano y el disfrute de la comida sea un placer cada día de la semana. Que los lunes no comiencen con lechuga y pollo a la plancha, para atiborrarse de refrescos light y tortitas de corcho y saciar el hambre del resto del día.

El modo de vida actual es frenético; trabajo, niños, clases y cien mil cosas más que nos absorben la energía o la que nos queda después de someterse simplemente a una barrita o a un magnífico batido sustitutivo de comida, que lo único bueno que hay es la presentación que marketing insinúa. La realidad puede ser de esta manera, la barrita es incomible y como vas en el coche, no llevas la botella de agua necesaria para poder digerirla. El vaso batidor que hace grumos siempre y por mucho que insistas en deshacerlo dejas gran parte sin tomar y con todo esto, tenemos que cumplir las expectativas energéticas del día.

No nos engañemos, el fin de semana nos relajamos y nos permitimos caprichos que merecemos por hacer ese gran esfuerzo de lunes a viernes. Esto demuestra que nuestra dieta perfecta, no lo es tanto.

El fin de semana comienza y podríamos resumirlo de esta manera:

Desayuno; Café con leche y sacarina junto a nuestra tostada de pan integral con un poco de aceite y tomate. Un vaso de zumo de naranja que la vitamina C es buenísima…existen algunos principios en nutrición que TODOS tenemos interiorizados, son dogmas de fe.

A media mañana estamos en la calle; dos cañitas caen seguro con unas aceitunas o un par de patatas fritas porque no hay otro snacks más socorrido que estos…no nos quebramos la cabeza desde los bares, tascas y cervecerías.

La comida del sábado tiene que ser algo distinto y apetecible, que después de la semana nos merecemos algo…y seguro que no nos va a engordar, dejarnos llevar, ¡si es un sólo día!

Además de rápido, un burguer gusta a los niños y así tampoco me dan la lata…(merezco un descanso)…pues vamos allá, al burguer, pero me sigo cuidando eligiendo hamburguesa y patatas pequeñas con refresco light y nada de postre (sé que los niños el helado no se lo acaban tomando y unas cucharadas caen).

El cafelito llega con nuestro empeño un poco decaído y compartimos esa palmera de chocolate a medias,  que así mi conciencia estará más tranquila. Además fíjate que bien me cuido, que no me he tomado ninguna copita con frutos secos que eso engorda una barbaridad.

Ya en casa reventada de todo el día llega la cena; hay que prepararla, la socorrida tortilla de patatas que ya está hecha y la pongo 5 minutos en el microondas, así me da la posibilidad de acostar a los niños, quedarme tranquila viendo esa película que tenía tantas ganas…dejarnos llevar una vez más.

Antes de acostarnos repasamos el día; mañana será domingo y tendré que ponerme a piña todo el día,  porque pensándolo bien hoy me he saltado la dieta perfecta a la torera.

Esto es la crónica de que no llegaremos al verano como quisiéramos y una semanas antes haremos cualquier tipo de dieta, para perder algunos kilos que luego volveremos a recuperar, y le echaremos la culpa al veranito y al relax de las vacaciones… Así no cambiaremos nada NUNCA.

El planteamiento tiene que ser muy diferente, cambiar hábitos para todos. Buscar oportunidades y ser imaginativos en cada caso y NO dejarnos llevar por la dieta perfecta. Anticiparnos a la media mañana, llevar fruta y agua en el bolso y en las mochilas de los niños.

Comer fuera a base de tapas y enseñar a nuestros peques que hay vida sin burguer, que unas papas ‘aliñás’ con solomillo al whisky siempre será mejor alternativa que un pack donde la comida viene envuelta en papel de regalo.

Que la merienda con un bocata de jamón o yogur con nueces también es especial. Que una cena bien planteada antes de irnos y volver cansados es mucho más rápida y sana, que dejarnos llevar…

El domingo aprovecharemos para caminar, patinar, montar en bicicleta, actividades para disfrutar todos juntos y volver a plantearnos la comida, al igual que preparamos el casco de la bici, la bolsa de los patines o la ropa para correr…

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Todo cuestión de empezar a cuidarse de una vez por todas y no dejarnos llevar…

Fuentes:

 

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